domingo, 19 de julio de 2009

VISITAS AL SANTISIMO SACRAMENTO


Nos enseña la fe católica, y nosotros debemos creerlo firmemente, que en la hostia consagrada está realmente Jesucristo bajo las especies del pan: mas tambien debemos recordar que está en nuestros altares como en un trono de amor y de misericordia para dispensar sus gracias, y para asegurarnos del amor que nos tiene en haberse quedado tan esconcido entre nosotros dia y noche. La Santa Iglesia, como bien sabemos, quiso instituir la fiesta del Santísimo Sacramento con octava solemne y con tan solemnes cultos, como procesiones, exposiciones de S.D.M. que en aquellos dias se practican, para que los hombres con el culto, con sus afectos y con sus acciones de gracias acudiesen devotos y agradecidos a meditar y a honrar esta presencia amorosa y contínua de Jesucristo en el Santísimo Sacramento del Altar. ¡Oh! ¡Cuántas injurias y descortesías debe sufrir todos los días nuestro amante Redentor en este adorable Sacramento por parte de los mismos hombres, por cuyo Amor se quedó sobre nuestros altares! De esto se lamentó sentidamente con su amada sierva sor Margarita de Alacoque, segun refiere el autor del libro: Un día precisamente en que ella estaba delante del Santísimo Sacramento, Jesucristo le mostró su corazón en un trono cubierto de llamas, coronado de espinas y con una cruz a cuestas, y le dijo:


Mira el corazón que tanto ha amado a los hombres y que a este fin nada perdonó, llegando a consumirse para mostrarles su amor: mas en cambio no recibo de la mayor parte mas que ingratitud por las irreverencias, olvido, desprecios y sacrilegios que me dirigen en este Sacramento del amor. Y lo que me es mas sensible, todo esto viene de unos corazones que se han consagrado a mi servicio. En seguida le pidió que señalase un dia dedicado a honrar Su Adorable Corazón., y que fuese el viernes despues de la octava del Santísimo Sacramento, en cuyo día las almas amantes reparasen con su culto y sus afectos los desprecios y las injurias que recibe de los hombres en el sacramento del Altar; prometiendo gracias muy abundantes a los que le tributasen este culto.


Esto nos recuerda lo que dijo una vez el Señor por boca del Sabio, a saber, que halla sus delicias en habitar con los hijos de los hombres, puesto que no sabe abandonarlos, aun cuando ellos le abandonen y le desprecien. Esta amorosa protesta manifiesta cuán agradables son al Corazón de Jesús los que le visitan con frecuencia y le hacen compañia en las iglesias donde está sacramentado.
En prueba de esto mandó a Santa Maria Magdalena de Pazzis que le visitase treinta y tres veces cada día en el Santísimo Sacramento, y esta amante esposa lo hacia acercandose corporalmente al altar cuanto le era posible en cada visita, como se lee en su vida. Hablen tambien todas las almas, que en su amor a Jesús Sacramentado, le visitan con frecuencia y refieren los dones, luces y divinos ardores que han recibido, y la anticipada delicia del paraiso que han gustado a la presencia de Dios Sacramentado. El siervo de Dios, P.Luis Lanuza, célebre misionero de Sicilia, desde muy joven estaba de tal modo enamorado de Jesucristo, que parecia imposible separarle de la presencia de su amado Dueño; siendo tales las delicias que allí experimentaba, que habiendole impuesto el director estar una sola hora delante del Santísimo, al concluir la misa, en su misma obediencia se descubria (dice el autor de su vida) la gran violencia que se hacia al separarse de la presencia de Jesucristo, cual demuestra un niño al separarle del pecho de su madre; añadiendo que al acto de despedirse se detenia en pie a mirar una y muchas veces el altar, a repetir las inclinaciones y genuflexiones, com si no supiese despedirse de Jesús. A S. Luis Gonzaga se le prohibio tambien detenerse delante del Santísimo Sacramento; y al sentirse atraido dulcemente por su amado, cuando pasaba cerca del Santísimo, huia con inexplicable violencia diciendole con entrañable amor: Recede à me, Domine, recede; apartaos de mí, Señor, apartaos de mí.

En el Santísimo Sacramento encontraba Francisco Javier una digna compensación a los grandes trabajos que sufria en la India, empleando el dia en la conversión de las almas, y la noche en oración delante del Santísimo Sacramento. Lo mismo acostumbraba hacer S. Juan Francisco Regis; y si encontraba tal vez cerrada la Iglesia, se consolaba arrodillándose a su puerta, expuesto al frio y a la lluvia, solo para hacer compañia, aunque de lejos, a su divino Consolador. S.Francisco de Asís no experimentaba trabajo ni contradicción alguna, que no fuese a buscar pronto consuelo en las visitas a Jesus Sacramentado.
Tierna en extremo fue tambien la devoción del santo rey Venceslao al Santísimo Sacramento. Tan enamorado vivió de Jesús Sacramentado este piadoso principe, que no contento con sembrar y recoger con sus reales manos el trigo y el vino que debia servir para el augusto sacrificio, durante la noche, aun en el rigor del invierno, iba visitando las iglesias en que residia S.D.M., adquiriendo su alma fervorosa tal intensidad de amor divino con estas visitas que su ardor se extendia al cuerpo, derritiendo la nieve que tocaba a su paso. Refiere la historia de su vida que, padeciendo mucho frio el paje que le acompañaba, puesto que debia andar sobre nieve, el santo rey movido a compasión le aconsejo pusiese el pie alli donde él lo habia puesto, lo cual basto para que el paje no sintiera mas el frio. En las visitas se leen otros ejemplos del afecto y ternura que han alcanzado las almas enamoradas de Dios visitando al Santísimo Sacramento: mas tambien se ve que todos los santos han sido devotísimosde este tierno ejercicio; sin duda porque en esta vida no podemos poseer joya mas preciosa, ni tesoro mas amable, que Jesús Sacramentado. Con efecto, entre todas las devociones la de adorar a Jesus Sacramentado es la primera despues de la recepción de los Sacramentos; porque es la mas agradable a Dios y la más util a vosotros mismos. No tardes, pues, ó alma devota, a emprenderla tú tambien y desasiendote de la conversación del siglo, de hoy en adelante visita todos los dias un buen rato, a lo menos media hora o un cuarto en la iglesia a Jesus Sacramentado, Gustate el videte, quoniam suavis est Dominus.


Pruébalo prácticamente y veras el gran provecho que de ahí sacaras. Sabe que el tiempo que emplearas en visitar devotamente al Santísimo Sacramento, será el tiempo en que más gozarás en vida y el que mas te consolará en la hora de la muerte y en la eternidad: y que ganarás mas quiza en un cuarto de hora de oración delante del Santísimo Sacramento, que en todas las demás oraciones y ejercicios espirituales del dia. No hay duda de que Dios oye en todas partes las oraciones de los que le ruegan, pues lo ha prometido: petite, et accipietis: pero tambien nos enseña S. Juan que Jesucristo en el Santísimo Sacramento dispensa más abundantes gracias a los que le visitan.



A este propósito decia el B. Enrique Susone que Jesucristo Sacramentado sobre nuestros altares oye allí mas que en otras partes las oraciones de los fieles. ¿Dónde han hecho las almas santas resoluciones mas heroicas que a los pies de Jesús Sacramentado? ¿Quién sabe si tú, amado lector, haras un dia delante de alguna custodia la resolución de entregarte todo a Dios?
No dudes que Jesucristo da mucho mejor consuelo al alma que le visita devotamente en el Santísimo Sacramento que el mundo con sus pasatiempos.



¡Oh que delicia es estar ante el altar con fe y devoción, y hablar amigablemente con Jesucristo, que está expresamente allí para escuchar y atender al que le ruega; pedirle perdón de las injurias contra Él cometidas; manifestarle nuestras necesidades, como lo hace un amigo con otro amigo digno de toda confianza; pedirle sus gracias, su amor, su reino, pero ¡Que Reino! hacer actos de amor hacia aquel Señor, que ruega por nosotros al Eterno Padre, y que arde de amor por nosotros, toda vez que este le obliga a habitar entre nosotros escondido y casi ignorado, y hasta despreciado por los ingratos! Pero ¿para que más palabras? Gustate, et videte.